lunes, 2 de marzo de 2015

La mística de los tomates

Tú eres la hostia consagrada.
Sois la hostia consagrada vosotros las puertas de la vida
y hasta la muerte es dulce en boca de quien sabe beberla.
Cómo puede estar el futuro tan en nuestras manos
y a la par tan aleatorio abofetearnos los destinos.
Demonios con capacidades celestes senderos de la conciencia,
arrojados a la contingencia primavereando fugitiva que nos troncha.

Digo la divinidad espontánea, natural, automática.
Extraclerical morfínica endógena verde liebre.

Rapsodas funcionarios frustrados superhéroes.
Duendes alcohólicos besan hadas financieras anonadadas.
Mientras trasgos de trago largo, brujos neuromantes,
vampiros veganos y extraterrestres de La Mancha
manducan la textura de tu pellejo y cantan:

La independiente divinidad autónoma freelance.
La divinidad de la materia del terreno, de los fármacos,
del hidrógeno, del oxígeno, génesis cada despertar.

Nadadores subterráneos cuya atmósfera es magma.
Turistas sin billete de vuelta hacia la inmensidad.
Precarios dioses de mierda atorados de codicia
en la hermosa microdivinidad del instante cotidiano,
en las danzas interiores la imaginación tocándote la materia visceral.
La imaginación proyectando dioses, deificando piedras,
contándose dioses y el viejo estremecimiento espinal,
desbocados viendo ancestros sintiéndolos amantes,
fantasmas por toda parte invisibles brillos neuronales.
La divinidad este horror tan maravilla.

Recuerda que alguna vez te sentiste divinamente.

La humilde divinidad del nosotros.
El divino ateo que se sabe cosmos,
volverá al cosmos y se ha desactivado
el mecanismo del desespero.

El naufragio nos salva.
Haces aguas nutricias que gritan verde natalicio.
Las berenjenas escuchando el eco
reverberante de una religión cósmica:
Sus ovejas se pastorean a sí mismas.

No deja de llamarme y al rechazarla me rechazo.
El destructor dice que no puedo disfrutar dentro del dolor.
El amado dicta que te pongas el chambergo de poeta,
de brujo filifílico y crees tu propia dicha en este instante:
La dicha te sobrecoge.


Tú eres la hostia consagrada.