lunes, 2 de noviembre de 2015

El espíritu santo, la paloma, tiene hambre de María. La inspiración divina le fermenta por las patas y ArribA. El Espiritu Santo, la paloma, toma María, gozosamente. No cabe decir lo que es ser fecundada por Dios. Qué visiones mandaláicas, qué celeste desespero ansiado, qué asalto y descargas electrizan su espina dorsal. La paloma le aletea los centros y supura la piel divinidad y María, ay María, alcanza la budeidad; sus ánimos desbocan caballos percherones. María, pómulos volcanes, sonríe desternillada, agradece incandescente, sana de la muerte. Y la paloma, hace casa en María. Un hogar celeste dentro de ella. Vientre de María, alabada sea, la magnética.

Y José dando palmas.

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