viernes, 2 de junio de 2017

GIVE ME EL PODER




Llegados a este punto, el neofeminismo parece dios pidiendo más poder. Lo que no voy a tolerar es que me carguen con culpas que no son mías. Cada vez que una de estas abre la boca es para descargar una culpa y sentencia contra todo lo masculino. La ingenuidad de su violencia provoca una castidad que es a la par tabú y norma, pues oficialmente se está liberada de una manera total. Y dicha castidad fomenta las copas en los burdeles, risible. La anterior incongruencia es una más de la norma de este batiburrillo con ínfulas eugenésicas: a las locas del coño se les ha ido la pinza. Tenemos a todas estas voceras del batiburrillo feminista creando una ideología en el sentido literario de la palabra a golpe de fragua, de donde salen armas toscas y risibles, poemas sin gracia y rancias soflamas de demonización. Si todas las mujeres fueren de estas neofeministas a lo barbijaputa se extinguía el género humano, lo cual no parece mala idea tampoco. Ojo, con un poder estatal del copón y unas lentejas que dan para hipoterca y gastos de guerra. Casi cuatro mil millones de las antiguas pesetas en sueldos para sicólogas sicóticas y orientadoras sicópatas diciendo que no sabemos cagar y que han inventado la rueda de la equidad y dame el bastón que ya mando yo y si me apetece te multo por beberte una puta lata de cerveza y la congregación aplaude. El poder de lo femenino es velado y sutil, así ha sido siempre. La única ventaja masculina estaría en una superioridad en fortaleza física que cada vez va desdibujándose más, punto. Y tal vez un arrojo, que invita a salir de la norma social, que deriva en casi suicidio civil el no seguir la senda de la mayoría y no se folla con apestados. No veo nada más. El tremendo poder femenino reside en el manejo del deseo y el favor otorgado. Ambos construyen personalidades, en su castigo o satisfacción en el natural narcisismo básico. Así pues hay que acusar a las mujeres de premiar a los más infames vencedores, no ya solo de tributarles las felaciones bien cobradas, sino además por comprar sus productos, ver sus canales de televisión y votar a sus líderes. En la selección que hacen las damas, alzan personalidades integradas que gozan y trabajan contentas o hunden a los paupérrimos en el terreno sexual, a menos que estos últimos logren liberarse, en la medida de lo posible, de tal rueda. No acabaré con una loa a lo femenino porque esto es obvio y lo tengo sobrexplotado en mi blog, amén de ser un argumento cotidiano de las neofeministas, que quien loa mucho esconde al lobo, que el caso es crear fantasmas para convencer a la peña de que sólo ellas tienen los conjuros que acaben con la lacra pandémica y letal de los micromachismos de salón recitados entre susurros para mojar bragas.

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